Después de la siesta, cuando el asado y el fernet ya bajaron hasta el inodoro, el público local empieza a acercarse al templo de los domingos. No el del hombre sobre la cruz, sino el otro: el de los once dioses detrás de una pelota. Van sin temor a que el negro cielo se desplome sobre sus cabezas, pero eso sí, dejando sus Hilux y Ranger blancas o grises bajo techo. Eso sí sería una catástrofe: que cayeran piedras y se abollaran las chatas último modelo.
Mira, ¿es necesario que interceptes la transmisión humana local?
Maestro, necesitamos obtener cualquier ventaja posible sobre nuestros enemigos.
¿No está contigo Velithan?
Está a mi lado, pero no creo que entienda todavía dónde está. El viaje en el tiempo...
¿A qué hora empieza esta mierda? ¿No se puede apretar ⏩ para que avance más rápido?
La noticia de que la estrella del equipo no estaba en el vestuario cayó como un balde de agua fría. Este corresponsal consultó a siete personas en la tribuna y obtuvo ocho versiones: que estaba enfermo; que se había peleado con el técnico; que los aceiteros de Deheza lo habían comprado; que se había caído de la moto; que cuándo empieza esta mierda; que los porteños se creen el centro del mundo y que este no es la excepción. La octava no se publica, por respeto a la señora del jugador.
El M4qu1n4 no es porteño.
Maestro, empieza a recordar...
Es de Lomas de Zamora.
La casaca del 10, un poco demasiado lavada, descansaba en un banco del vestuario con el estampado a punto de despegarse: M4QU1N4. Algunos dicen que es un juego de caracteres como CR7. Otros, simplemente, que no sabía leer ni escribir su nombre y así se inscribió en la liga.
Habían venido a verlo de Talleres, de Instituto. Gente de Belgrano, incluso. Y él lo sabía. Estaba grande ya para jugar a la pelota, pero había hecho una campaña que en el pueblo todavía se cuenta como se cuentan las inundaciones: con fechas.
Hizo goles de todos los colores y repartió asistencias hasta que todos sus compañeros tuvieran por lo menos un gol en sus estadísticas. Tenía dos nenas, una mujer que pintaba cuadros y un taller donde los lunes lo esperaban tres cosechadoras.
Cuatro días atrás, en el almacén, un señor le dijo a este corresponsal que si Dolores ascendía había que hacerle una estatua, y que no lo decía en broma.
Por eso, cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo y el 10 seguía sin aparecer, la tribuna dejó de preocuparse y empezó a enojarse, que es la manera que tiene un pueblo de seguir queriendo a alguien.
En el entretiempo, Bustos, el técnico, le dijo a este corresponsal (sin que nadie se lo preguntara) que el 10 estaba suspendido de por vida o hasta que apareciera, lo que ocurriera primero. Después pidió que no lo citara.
Se lo cita igual, porque lo dijo en voz alta frente a doscientas personas y al hombre del carrito de choripán, que por primera vez en la historia del club no estaba vendiendo... excepto a un hombre moreno con cosplay de Harry Potter.
Mira, dame 20 pesos.
20 mil, rey.