FRAGMENTO_0005 · CUENTO
La sonrisa
La valija estaba abierta en el piso.
La misma que usamos para Europa.
Los gatos miraban desde la puerta.
Me faltaban las medias.
Estaban arriba de la cómoda, en la habitación.
Tenía que entrar.
Vos dormías.
Siete de la tarde.
La persiana a medio bajar.
La luz partida en dos.
Habías querido empezar una discusión.
Te diste por vencida.
Te acostaste.
Venías de la psicóloga con una verdad que yo ya había decidido no escuchar.
La ropa caía en la valija sin orden, entre libros y CDs.
Había comprado el pasaje hace un mes.
El avión salía en unas horas.
—No quiero que te vayas, pero no voy a detenerte.
—Me habías dicho.
Esperé hasta último momento a que lo hicieras.
Aprendimos a estar juntos cuando era imposible.
Cuando fue posible, nos perdimos a propósito.
Después hice todo lo necesario para seguir adelante.
Me mudé del país.
Me volví a casar.
Tuve hijas.
Escribí un libro.
Pero a veces vuelvo a esa habitación cerrada.
Empujé la puerta.
No hizo ruido.
Desde el umbral estiré el brazo hacia la cómoda.
También la mirada.
Vi las medias antes de mirarte.
Aguanté la respiración.
Me detuve un segundo en tus piernas.
Sabía que sería la última vez.
Entonces te incorporaste.
Y sonreíste.
Esa sonrisa.
La que decía que volvía.
Como en la azotea de tu casa, donde me encontrabas cuando desaparecía.
Pero no.
Me miraste mejor.
Y lo entendiste.
Te dejaste caer otra vez sobre la almohada.
Cayó tu cuerpo.
Cayó la sonrisa.
Agarré las medias.
No dije nada.
Pensé en hacerlo.
Y cerré la puerta.
Ahora tengo miedo.
No de haberme ido.
Tengo miedo de no olvidarme de tu cara cuando entendiste que no había vuelto.
Gastón Spratt
12/07/2026