REGISTRO_0003 · 03 SEP 2026

Sangre y huesos rotos: Una bitácora estoica

Había sido el primer inscripto y la biblioteca del IJLC estaba llena hasta el tope. Esperé mucho tiempo un encuentro así, ansioso por conocer los traumas, las preguntas filosóficas, los métodos y las obsesiones de Federico Falco. En vez de eso, me encontré haciendo un ejercicio de descripción de mi propia cuadra.

Aguanté hasta donde pude. Aprovechando la ligera distracción de una sesión de aplausos, me escapé a la calle. Se me ocurrió invitar a mis hijas de última hora para llevarlas a dormir a casa. Cenamos empanadas, pebete, helado y una gaseosa de naranja. La vida real, concreta y ruidosa irrumpiendo después del aula.

Más tarde, al mirar el papel con las líneas del ejercicio, lo entendí con claridad: yo no escribo para hacer ejercicios de estilo. Yo directamente no escribo, sangro por una herida que se llama vivir. Y por eso no tengo tiempo para perder.

Mi literatura no es el dibujo prolijo de una vereda; es el silencio del protagonista después de perder su vida por haber respondido algo equivocado.

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